Cuando la luz se apagó
Cuando la luz se apagó,
el sol estalló en un grito de fuego,
y el mundo quedó condenado
a una noche eterna sin amanecer.
La luna llena, vestida de sangre,
lloraba lágrimas rojas e infinitas,
como una madre que contempla impotente
la muerte de todos sus hijos enamorados.
Las estrellas, una tras otra,
se arrojaban al vacío del cielo,
incapaces de seguir brillando
en un universo donde el amor había muerto.
Los mares dejaron de cantar,
los bosques guardaron un silencio sepulcral,
y el viento solo sabía pronunciar
los nombres de quienes amaron sin ser amados.
Todo ocurrió en un mismo instante.
Todos los corazones enamorados,
rotos por el peso del silencio,
cansados de esperar una respuesta que nunca llegó,
dejaron de latir al mismo tiempo.
Y cuando el último corazón murió,
también murió la esperanza.
Desde entonces, el universo permanece inmóvil,
sin luz, sin primavera, sin canciones,
esperando el día en que un amor verdadero,
correspondido y eterno,
sea capaz de volver a encender el sol.